De cuando en cuando, el mundo del deporte nos regala historias de deportistas o equipos humildes que alcanzaron grandes logros y que pueden llegar a inspirarnos y enseñarnos que (casi) todo es posible a base de pasión, trabajo y (evidentemente) un punto necesario de talento.
Lo vimos este mismo año cuando la tenista polaca Maja Chwalińska, de 24 años, llegó al torneo Roland Garros siendo la 114 del ranking WTA y sin sponsors que la respaldaran. Con el único objetivo de superar la fase de clasificación del torneo, acabó encadenando 9 victorias consecutivas, alcanzando la final del torneo y escalando al puesto 21 del ranking. De película.
En estos días estamos viviendo algo similar con la selección de Cabo Verde, que contra todo pronóstico se ha plantado en dieciseisavos de final del Mundial de Fútbol 2026 que se celebra entre Estados Unidos, Canadá y México. Y lo ha hecho a golpe de empates frente a Uruguay, Arabia Saudi (ambas eliminadas) y, en su debut, nuestra Selección Española. Casi nada.

Con cerca de 530.000 habitantes, Cabo Verde es el segundo país más pequeño en la historia de los Mundiales. En 2018 su entonces seleccionador, Rui Águas, tuvo que buscar jugadores de ascendencia caboverdiana por internet. Fichó a uno de sus defensas a través de Linkedin. Se trata de Roberto “Pico” Lopes, y fue parte del muro que frenó nuestro ataque en el debut. El otro gran pilar de aquel partido fue Josimar Dias, alias «Vozinha», quien a sus 40 años completó aquel mismo día un partido descomunal con siete paradas clave. La web www.transfermarkt.es fijaba su fichaje en 50.000 € (antes de quedarse sin equipo)
Cabo Verde es ese chaval que ya ha terminado sus deberes y sale al recreo a jugar con el balón. Ese niño que ya cumplió con lo que se esperaba de él y ahora sólo sale a divertirse. En palabras de Dailon Livramento, uno de sus delanteros, “Vamos a divertirnos. Nos metimos en la Copa del Mundo, ahora es el momento de divertirnos juntos”.
Mentalmente, es una cuestión de expectativas, presión y pasión.
Las expectativas que ya cumplieron llegando al campeonato.
La presión que seguro ya no tienen.
La pasión de quien disputa algo tan importante y tiene la oportunidad de jugar contra grandes Selecciones y campeones. Bubista, actual Director Técnico, manifestó el deseo del equipo por “demostrar que esto es real no solo en el fútbol, sino también en otros aspectos de la vida. Se pueden lograr grandes cosas independientemente de los desafíos, ya sean financieros o de cualquier otro tipo, siempre que tengas un sueño y vayas tras él”.
Cuando eso ocurre, cuando ya no tienes nada que demostrar y has alcanzado el objetivo, sólo te queda saltar al campo y disfrutar. Sin tensiones, sin sobreactivaciones, sin lamentar más de la cuenta los errores, vaciando la mochila de lastres y llenándola de momentos memorables.
Cuando todo esto ocurre, desaparecen los bloqueos, juegas como sabes, no te limitas, y es más fácil estar en tu punto físico y mental óptimos.
La filosofía de Cabo Verde es su lema nacional, Morabeza, y representa un sentimiento de profunda hospitalidad, gentileza, alegría y el arte de vivir sin prisas, sin estrés. Tal vez ahí está buena parte del mérito de la proeza que este equipo soñador está logrando sobre el cesped de este sorprendente Mundial 2026.
