Cuando un periodista preguntó a Laporte por qué España podía ser Campeona del Mundo, éste respondió «¿Y por qué no?» Hoy, España es Campeona del Mundo.
Cuando nuestra Selección preparó su equipaje mental para partir hacia Estados Unidos, no se dejó la aguja y el hilo para empezar a coser la que sería su segunda estrella como Campeona del Mundo. Y aunque la primera puntada no fue como hubiéramos esperado, el resto de la costura salió impecable.
Hemos caminado a lo largo del campeonato superando a nuestros rivales y enfrentando dificultades sin perder nuestra identidad, fieles a nuestro estilo de juego y confiando en nuestro plan y nuestros recursos. Superamos a Suiza, a una correosa Uruguay y a Bélgica, la única que nos ha podido hacer un tanto en todo el torneo.

El golpe sobre la mesa lo dimos derrotando a Francia, una de las selecciones más potentes en la actualidad. Aquel día hilamos muy bien para ir avanzando en esa segunda estrella tan deseada.
Y la última puntada la dimos anoche. Impecable. Incontestable. De la única manera que podía ser si, como se estaba comentando en todos los foros, existía cierta querencia de los que organizan y mandan hacia la Selección Argentina. Intuyo que pocos confiaban en las posibilidades de nuestro equipo. Yo sí lo hacía, pero con bastante prudencia y respeto por lo que había por delante. Y mientras España tomaba el partido con respeto, Argentina confiaba en exceso en su victoria. Intuyo que ahí pudo empezar a perder la campeona de 2022.

Aunque lo importante es que los propios jugadores y su entrenador confiaran en sí mismos. Sin perder el respeto por el rival. Sin caer en excesos de confianza. Saliendo a querer ganar, como el gran Capitán, Rodri, sugirió. Y así fue.
Y vaya si ganaron. Por números, dimos un recital del que fueron testigos los presentes en el MetLife Stadium de Nueva York y los millones que vimos el encuentro desde nuestras casas, bares o plazas. 20 ocasiones de gol para España frente a 3 de Argentina (ninguna de ellas entre los 3 palos), 68% de posesión para los nuestros, y 6 tarjetas (una de ellas roja) para los de Scaloni (gran tipo, el único de la Selección albiceleste por el que siento su derrota). Ninguna para España.
La estrategia argentina pasaba por llevar el balón hasta Messi y confiar en su magia. Pero cuando vieron que no sacaba nada de la chistera, el plan pasó a ser remar a duras penas hasta los penaltis donde el Dibu Martínez es especialista. Ni Leo se atrevió a molestar anoche.
Y es que una de las claves de este equipo es, precisamente, esa. Somos un gran equipo. Luis de la Fuente, criticado en su momento, ha construído un magnífico grupo de grandes talentos y mejores personas en el que nadie es mejor que nadie. Y en un campeonato en el que juegan «la Francia de Mbappé», «la Noruega de Haaland» o «la Argentina de Messi», ha terminado ganando «la España de Oyarzábal, Pedro Porro, Lamine, Rodri, Cucurella, Merino, Ferrán Torres, Unai Simón, etc…» Una familia. Un equipo que se apoya, se ayuda y juega, colectivamente, como nadie lo ha hecho. En el que, si uno tiene un mal día, viene otro compañero al rescate y nadie nota la diferencia. Porque no hay egos. Y si te vas al banquillo, te dedicas a seguir trabajando y aportando al colectivo. Celebras los éxitos de tu compañero como los tuyos propios.

Le ocurrió al héroe de la noche, Ferrán Torres. ¡Cuánto me alegro por tí, chaval! Le llovieron de todos los colores por su falta de acierto. Perdió la titularidad, siguió trabajando y aprovechando cada oportunidad. Asumió su rol de suplente para salir en los tramos finales y ser un magnífico revulsivo. Y anoche el trabajo premió a este gran tipo que frente a Arabia Saudí suplicaba para que el VAR no le anulara su tanto. De auténtico cine.

Recordé aquel momento, como recordé a Luis Aragones, el Genio de Hortaleza, con el que empezó todo. O a Manolo el del Bombo, que acompañó a la Selección a lo largo y ancho del mundo durante años. O a nuestra cuarta estrella, María Caamaño, la niña de la Roja que anima al equipo desde el cielo.
Anoche ganó el fútbol, ganó el fair play, ganó la deportividad, la elegancia, la bondad, el saber estar. Ganó el talento, el colectivo, se hizo justicia. Fuimos los mejores.
Enhorabuena a esta gran generación de nuestro fútbol. Y enhorabuena a toda la afición.
Lo nuestro en este Mundial ha sido… coser y ganar.
